Desde la ética del anti diseño

Escolar
Vistas: 37 | Publicado por: maou 07/11/2018 |

Lejos de la visión romántica de que el diseño es un proceso creativo que cumple la función específica de comunicar visualmente, tenemos al anti-diseño que se encarga de satisfacer la necesidad de las personas que no poseen las habilidades para generar esas soluciones gráficas y tienen que acudir con profesionales que cuentan con las habilidades y herramientas adecuadas para ejecutar lo que el cliente ya sabe es la respuesta a sus problemas.

El anti-diseño es fácil por eso es tan usado; observemos nuestro entorno y escuchemos con atención: señoras vendiendo “productos plásticos para el hogar” motivando a su gremio para anti-diseñar sus propios pastelillos; actrices y conductoras de programas de televisión invitando a su audiencia a crear sus propios anti-diseños al estilo de “hágalo usted mismo”; diversas personas buscando un anti-diseñito fácil; abogados, doctores y otros, que por falta de tiempo no han podido hacer el anti-diseño de su despacho, consultorio o negocio; empresas y estaciones de radio que convocan al público en general para anti-diseñar tarjetas, carteles, vasos, botellas y más a cambio de un reconocimiento; y sin embargo, en el día a día, los profesionistas que ejecutan proyectos de anti-diseño hasta le meten más diseño con tal de resolver la problemática del cliente que “debió quedar para ayer”.

Por otra parte, la forma en que el anti-diseño es publicitado le rinde los honores que se merece, ofertándose “gratis con el servicio de impresión”; “incluido en tu pedido de tarjetas de presentación”; ofreciendo “anti-diseño de todo tipo” pero eso sí, siempre brindando un “anti-diseño de calidad”.

Desde esta óptica, el anti-diseño debe cumplir con ciertos cánones para no caer en un anticuado diseño carente de gracia y personalidad: primero, el anti-diseño se deberá considerar funcional si, y solo si, cubre las exigencias del cliente; recordemos que él es quien paga los servicios del profesional que ejecuta y conoce mejor lo que quiere; segundo, la necesidad que el anti-diseño debe satisfacer es la del cliente y solo la del cliente, ya que por extensión, será cubierta la de su público objetivo -si los tuviere-; y tercero, el anti-diseño se puede aprender de manera autodidacta, ya que es un oficio que carece de reflexión y teoría; y constituye un hacer puramente práctico.

Por su parte, el profesional que ejecuta un proyecto de anti-diseño deberá poseer características indispensables que van desde un amplio conocimiento en herramientas y tecnología hasta la capacidad de ser flexible, ágil y dinámico y tener sensibilidad para crear imágenes que serán reproducidas por cualquier medio en cualquier soporte; para lo cual deberá conocer todo tipo de materiales, técnicas de corte y colocación porque ¿para qué recurrir a otra persona, si el trabajo del profesionista que ejecuta proyectos de anti-diseño cualquiera lo puede hacer? y además “más barato o hasta gratis”.

Cualquier parecido con la realidad del diseño a secas, es mera coincidencia.



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